El sector inmobiliario español empieza a animarse.

Todos los datos oficiales empiezan a sugerir el lento pero firme despertar del sector inmobiliario español. Después del tremendo batacazo sufrido por el mercado en los peores años de la crisis económica, según datos del Instituto Nacional de Estadística, las hipotecas crecieron un 23,8% en términos anuales en agosto y lo hicieron por tercer mes consecutivo.

Desde el Gobierno no dudan en lanzar mensajes esperanzadores sobre el futuro económico de España. Para empezar, el pronóstico de crecimiento de la economía para el 2015 se situaría en el 2%, por encima de la media de los países de la Unión Europea y con perspectivas muy positivas.

El ministro de Economía y Competitividad Luis de Guindos, no pudo ser más positivo en su intervención durante el Congreso anual de la Confederación Española de Directivos y Ejecutivos (CEDE) celebrada esta semana en Sevilla. Según el ministro, los datos anteriores son el resultado de la constante reducción del déficit público, el crecimiento de las exportaciones y la mejora de la productividad. Todo ello fruto de las políticas puestas en marcha por el ejecutivo del PP.

El optimismo sin matices del ministro se apoya también en el control del déficit fiscal, hace pocos años desbocado, y en dos elementos externos como son el tipo de cambio del euro y la bajada del petróleo que ayudarán a impulsar la economía española.

En este contexto, el mercado inmobiliario también se beneficia de las reformas bancarias impulsadas por el gobierno y de la significante reducción del endeudamiento privado. La rebaja del IRPF debería incrementar también la renta disponible de los ciudadanos, según De Guindos. Además, la financiación, cuya ausencia supone uno de los principales obstáculos para el sector, parece ir creciendo poco a poco.

En definitiva, todo parece ir por el buen camino. Sin embargo, los riesgos siguen ahí. Los países más fuertes de la zona euro no acaban de despegar, los casos de corrupción en el país se disparan y la deuda sigue en niveles alarmantes. Esperemos que el ministro tenga razón, que todos los indicadores sigan mejorando y que el despegue económico español no acabe en aterrizaje forzoso. Hay que ser optimistas.

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